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Opinión: El desplome del petróleo el más grande de los retos

En el relato de H. G. Wells los invasores extraterrestres que se erigían como destinados a exterminar al género humano, terminan pereciendo, no por el potencial militar de sus víctimas que les resulta irrisorio, sino en virtud de las bacterias existentes en el mundo.
De manera análoga, la fuerza naval de los Estados Unidos y, muy particularmente, aquella que se encuentra adscrita al “comando sur”, el mismo que, no ha mucho tiempo, estaba bajo el mando del general John Kelly, actual consejero nacional de seguridad de la Casa Blanca, se infectaría del temible coronavirus, echando por tierra la perspectiva de la que al parecer era una inminente invasión militar a Venezuela.
Al menos, según pareciera desprenderse de las acusaciones por narcotráfico al presidente de aquella nación, seguida del despliegue naval estadounidense ante el mar territorial del país caribeño
El escenario de un imparable torrente migratorio por la explosión de Venezuela podría resultar para nosotros estremecedor, escenario que, por lo demás el impase en la referida decisión militar a cargo del “pentágono” no ha diluido.
Nada resultaría comparable, no obstante, que la implosión de los Estados Unidos al romperse la burbuja financiera de las compañías petrolera texanas.
El desplome del precio internacional del petróleo y muy particularmente el referencial de Texas, pareciera decirle adiós a las compañías de esquistos y a su conducente apalancamiento financiero con las enormes repercusiones que ello traerá aparejado en el ámbito de los mercados bursátiles, y todo ello, para colmo, en la etapa previa al inicio de la campaña presidencial.
La combinación de ambos escenarios en el plano internacional, habría de presentarse para nosotros en medio de la crisis petrolera, que también para nosotros resulta un detonante de múltiples calamidades, las que conjuntamente a la crisis sanitaria y a las fallas estructurales que padecemos no pareciera anunciar nada bueno.
Lo que más aterroriza de todo ello, es que, el debate de nuestros dirigentes políticos, líderes de opinión, e intelectuales, me niego a emplear la expresión “académicos”, con muy contadas excepciones, no pareciera estar a la altura que la emergencia demanda.
Pareciera que a ésta generación , le ha tocado en suerte, el triste escenario de contar al frente de la nación, con el más insulso y torpe de los elementos humanos, precisamente cuando la historia presentaba sus más complejos retos.

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